Si de personas de carne y hueso se trata, aquellos que optaron por ponerse una causa al hombro, para multiplicar y construir mejores opciones para los más jóvenes, se presenta aquí la historia del “Pochormiga”:
“Pocho era el taller de alas de colibríes que cantaba Silvio…era un horno de pan… era el Principito…parecía una carpa para dos personas pero cuando lo conocías era como un hotel 50 estrellas.
Era un despertador…un multiplicador de panes y guisos…un santo…era como Cristo…era como el Che…un amigo…un hermano…un compañero…era como un padre.
Era el mate calentito para el alma…el espejo para ver todo lo que nos falta comprometernos…un quijote en bicicleta que no perdía el tiempo con los molinos de viento…era el chef guisero de la solidaridad y la cebolla.
Era el puente, el durazno y el País de Benedetti, pero las tres cosas juntas, era la chata que te levanta en la ruta después de diez horas de hacer dedo.
Era la violadesantana… el charangodejaime… el violíndepetecoydevechio… el bandoneóndepichucopiazolayjuárez, que se yo…
Era todo eso y no se fue, lo fueron, lo mataron, lo fusilaron, lo crucificaron, como al otro flaco que nunca anduvo en bicicleta, los mismos de siempre, los mismos que asesinaron, torturaron y desaparecieron a toda una generación de hormigas”.
“Pocho era el taller de alas de colibríes que cantaba Silvio…era un horno de pan… era el Principito…parecía una carpa para dos personas pero cuando lo conocías era como un hotel 50 estrellas.
Era un despertador…un multiplicador de panes y guisos…un santo…era como Cristo…era como el Che…un amigo…un hermano…un compañero…era como un padre.
Era el mate calentito para el alma…el espejo para ver todo lo que nos falta comprometernos…un quijote en bicicleta que no perdía el tiempo con los molinos de viento…era el chef guisero de la solidaridad y la cebolla.
Era el puente, el durazno y el País de Benedetti, pero las tres cosas juntas, era la chata que te levanta en la ruta después de diez horas de hacer dedo.
Era la violadesantana… el charangodejaime… el violíndepetecoydevechio… el bandoneóndepichucopiazolayjuárez, que se yo…
Era todo eso y no se fue, lo fueron, lo mataron, lo fusilaron, lo crucificaron, como al otro flaco que nunca anduvo en bicicleta, los mismos de siempre, los mismos que asesinaron, torturaron y desaparecieron a toda una generación de hormigas”.
Así definen sus compañeros de la vida en la escuela, el sindicato, el barrio, la calle, a Claudio Lepratti, este entrerriano de 35 años, graduado en Filosofía y que sin quererlo, el 19 de diciembre de 2001, pasó a engrosar la lista de muertos por la represión.
Reconocido por todos por su eterno ir y venir en bicicleta, fue quien marcó a fuego las mentes y corazones sobretodo de los jóvenes del humilde barrio Ludueña, de Rosario, donde entre otras cosas, ayudó a crear 9 grupos desde donde cada adolescente pudiera salir adelante.
En un Seminario de Formación Teológica realizado en Rosario, apenas unos meses después del asesinato del Pocho, algunos de los chicos que conforman "La Vagancia", el primer grupo que organizó, relataron cómo era trabajar con él. "Pocho, con su bicicleta, iba de trabajo en trabajo (tenía tres), se recorría la ciudad de punta a punta y entre trabajo y trabajo, escribía cosas para que nosotros estemos ocupados y nos llevaba esas cosas casa por casa. Volvía de trabajar como a las 10 u 11 de la noche y nosotros lo ibamos a molestar a su casa, a tomar unos mates amargos "para hacerse hombre" como él decía, y nos bancaba, se quedaba charlando".
Esos chicos con los que Pocho compartió sus días hoy ya son hombres y han decidido multiplicar lo recibido. Según continuaban en su relato, "él nos formó como revolucionarios, la revolución va a seguir, se los aseguro. Pero también nos enseñó la diferencia entre revolución y rebelión, por que él no daba lugar a la violencia. Nos decía que la mejor defensa del hombre es la cabeza, no se quién habia dicho que su herramienta de trabajo eran las armas, pero que en nuestro caso nuestras armas eran las herramientas de trabajo, pero que de nada servían las herramientas ni las armas si no sabemos usar la cabeza".
El mediodía del 19 de diciembre Pocho Lepratti se encontraba en el comedor de la escuela Nº 756 donde trabajaba, en la zona sur de Rosario, a pocos metros de donde se estaba realizando un corte de ruta. “No tiren porque hay chicos comiendo” gritó indignado desde el techo, por los actos de represión que estaban ocurriendo. De pronto, el móvil Nº 2270 del comando radioeléctrico de Arroyo Seco estacionó junto a la escuela y del arma de uno de esos policías salió la bala que apagó la voz de este militante social.
Aquellos que lo conocieron y compartieron su vocación militante manifestaron en una de las marchas para pedir justicia, que "lo único que hizo Pocho para merecer esto es una opción de vida, estar siempre con la gente, estar con los chicos en la escuela, en su lugar de trabajo, ese fue el motivo, la causa por la cual esta clase de gente ha asesinado a esta persona excepcional. Hoy la gente lo recuerda como San Pocho de Ludueña, una esperanza en un cielo que con su actitud se lo tendría ganado. Y si ese cielo no existiese se lo habría ganado igual".
Resultados de la causa por su asesinato:
14 años de prisión para el policía que asesinó a Pocho Lepratti 5 policías condenados por encubrimiento y falseamiento







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