jueves, 2 de diciembre de 2010

Opinión: "Implicancias para el diálogo interreligioso", por R. Oyarzo

Empezando Diciembre, paso a compartir con ustedes una exposición  que propone una mirada diferente  acerca de un tema que ya lleva siglos: la relación entre las religiones. Y le da una vuelta más de tuerca, un desafío para los cristianos:  "El sistema religioso mató al Jesús histórico", palpable, concreto, de carne y hueso, militante y a esa figura es a la que justamente hay que volver. 
 
A continuación, un fragmento de lo presentado por Rubén Oyarzo, sacerdote y biblista, en medio del XXI Seminario de Formación Teológica realizado en La Rioja Capital en el 2006.

"Implicancias para el diálogo interreligioso", por Rubén Oyarzo 

Desde la perspectiva del diálogo interreligioso, si no nos encontramos en la lucha contra la pobreza, no nos vamos a encontrar jamás; porque mientras orientemos el diálogo interreligioso para discutir sistemas religiosos, sistemas doctrinales, etc., ahí vamos a perdernos.

¿Tenemos algo para decirle al ser humano que no puede tener experiencia religiosa porque la vida material le es negada? ¿Tenemos algo para hacer o decir? Es ahí donde se empieza. Esa es una de las grandes preguntas actuales con el tema del diálogo interreligioso.

Mientras cada uno de nosotros siga pensando que "nosotros tenemos la verdad" es imposible dialogar, porque el diálogo supone que estás sentado con otro a quien reconocemos como "otro"; es decir que en ese otro hay verdadera experiencia de Dios, que en el otro no hay sólo "semillas" (porque el fruto lo tenemos nosotros). 
 
Eso supone un desafío que asume la experiencia de Pablo, uno de los apóstoles. Pablo intuyó que había que poner destinos nuevos, que había que reconocer el fruto que cada experiencia tiene. Es muy difícil hoy en día todavía en nuestras comunidades, donde pensamos que nuestra experiencia religiosa es única, verdadera y profunda. Y que es un regalo para los demás, que debemos compartir, etc. Toda sombra nos da un poco de fresco. Toda vertiente nos quita la sed.

Justamente la experiencia de la pluralidad debe ser lo que nos une. A esto se opone la imagen del discurso único. Cada uno en su lengua madre tiene una profunda experiencia de Dios. Justamente la diversidad es lo que nos une, en la uniformidad nos terminamos matando absolutamente todos. La vida es un calidoscopio, pero nosotros tenemos la visión del microscopio.

Luego de dos mil años sentimos que ya no tenemos una palabra para decir al mundo de hoy. Pero eso no le ha pasado solamente al sistema religioso cristiano, le ha pasado a todos los sistema religiosos.

La consideración del otro ya no pasa más por los sistemas religiosos. La mediación -"mediación" quiere decir puente- entre Dios y la humanidad no son más los sistemas religiosos. Por eso cuando a mí me preguntan: "¿de qué religión sos?". Yo digo: "de ninguna". Porque no creo más que ningún sistema religioso nos separe de Dios y nos separe de los otros. Y si no preguntémosle a la historia de las religiones contemporáneas. Las grandes guerras son guerras religiosas. Eso no niega que cada religión tiene un regalo, una profunda experiencia que habrá que desmontar para llegar a lo esencial, en nuestro caso volver al Jesús histórico. Porque el "sistema religioso" mató al Jesús histórico. No quiere decir que la cristiandad haya matado lo esencial, pero tenemos que sacarnos la cristiandad de encima, el sistema religioso de encima, para ir a lo esencial.
Logo XXI Seminario de Formación Teológica - La Rioja 2006

Repito: la mediación entre Dios y los seres humanos no es más el sistema religioso. La mediación entre Dios y nosotros es la vida. Por eso lo que atenta contra la vida atenta contra la experiencia de Dios. La mediación es encontrarnos con Dios en la vida, no en los sistemas religiosos. Y justamente donde la vida está amenazada se nos amenaza lo más profundo que es Dios, porque Dios es el Dios de la vida.
           

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